(Fuente: Radio Uchile)
El viernes pasado me tocó vivir una de las cosas más horribles y crueles, y a la vez esperanzadora, que he tenido que presenciar en mis 21 años.
Nunca en mi vida pensé presenciar un acto de xenofobia en persona.
El contexto no es tan importante: yo iba en una micro a trabajar. Se sube un grupo de personas que muy posiblemente son inmigrantes y comienza el acoso. Uno de ellos se sienta en uno de los asientos preferenciales (la micro no iba llena por lo que habían varios asientos de sobra) y un tipo, de aproximadamente unos 55-60 años comienza a molestarlo: "el asiento es para las personas", "tu no tienes derecho a sentarte aquí", "dale el asiento a un chileno", "yo estuve en Bolivia y son todos iguales" y así, un sinnúmero de insultos. Asumo que este sujeto pensó que se ganaría la simpatía de los que íbamos en la micro... pero no fue así.
Se preguntarán por qué no hice algo al respecto... bueno, sucede que cuando te enfrentas a esas cosas en carne y hueso, es bastante más chocante de lo que uno se llega a imaginar cuando lo ve en las redes sociales.
Me alegró tanto cuando una chica que iba al frente mío se fue a increpar al tipo, que no contento con ir molestando al inmigrante, quería pararse a pegarle. Le faltó el respeto a la chica, la chica lo dejó hablando solo, una familia de peruanos salió a la defensa de la chica y el otro sujeto empezó a insultar a la familia. Y yo iba impactada por el nivel de violencia con el que el tipo se enfrentaba a quienes lo increpaban. Alegó, insultó, gritó, se intentó parar varias veces para pelear (siendo detenido por otro hombre que le acompañaba) y cuando se bajó, gritó a los cuatro vientos que se bajaba y, esto fue lo que me sorprendió para bien, todos le pifiaron y le silbaron... Aún así, de todos los que pudimos enfrentarnos a un xenófobo como él, solo unos pocos lo hicieron.
Me cuestioné un montón de cosas durante estos días: La violencia, la xenofobia y esa cultura de insultar a quién sea con argumentos que en ninguna parte serían válidos, están tan arraigados en la población más vieja de Chile. Porque sí, Chile es un país asquerosamente xenófobo y violento, con un montón de gente que cree que por nacer acá son mejores que alguien que nace en Argentina, Haití, Perú, Bolivia, Ecuador, México, etc; pero que se achica cuando se enfrenta a europeos o norteamericanos.
Confío plenamente en esta generación. La generación joven, la generación de los niños, la generación de aquellos que aceptan la diversidad como algo enriquecedor y parte de los cambios. En los viejos que se creen superiores y que creen que la guerra, la violencia, la discriminación y las armas son la única salida, no.
Y espero que algún día todos y todas seamos tan valientes como esa chiquilla que se pudo enfrentar sin temor al representante de lo malo que hay en este país. Ojalá algún día yo fuera tan valiente como ella.

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